El púlpito es poder: crónica de la XLVII Semana de Estudios

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Del 25 al 28 de agosto, el CEFyT fue escenario de una nueva edición de la Semana de Estudios. En su XLVII edición, la propuesta llevó por título “El púlpito es poder. Religión, política y poder”, y puso en el centro una pregunta tan antigua como actual: ¿qué sucede cuando la fe se encuentra con el poder?

Durante cuatro jornadas, docentes, estudiantes, religiosos, religiosas y participantes provenientes de distintos ámbitos se encontraron para reflexionar sobre los vínculos entre religión, política, economía y poder. No se trató solamente de analizar una cuestión histórica o sociológica. La Semana buscó también interpelar nuestras propias prácticas y preguntarse por el lugar que ocupa hoy la experiencia cristiana en sociedades atravesadas por nuevas formas de poder.

La propuesta partió de una constatación: a lo largo de la historia, la religión ha mantenido una relación compleja con el poder. La fe puede convertirse en una fuerza capaz de cuestionar estructuras injustas, acompañar a quienes quedan al margen y promover transformaciones sociales. Pero también puede ser utilizada para legitimar poderes, reproducir desigualdades o construir discursos que presentan determinados órdenes sociales como naturales o queridos por Dios.

Desde esta perspectiva, la XLVII Semana de Estudios invitó a mirar críticamente nuestro presente.

La prosperidad y la promesa del éxito

La primera jornada, el 25 de agosto, estuvo dedicada a la historia de la teología de la prosperidad, con la exposición de Diego Mauro. El recorrido permitió comprender cómo se fue configurando una corriente religiosa que vincula la experiencia de fe con la prosperidad económica, el éxito personal y la posibilidad de alcanzar determinados bienes materiales.

La reflexión histórica permitió reconocer que estas ideas no aparecen de manera aislada, sino que se relacionan con transformaciones culturales, económicas y religiosas más amplias. La pregunta por la prosperidad abrió así uno de los ejes que atravesaría toda la Semana: ¿qué ocurre cuando las lógicas del mercado comienzan a ocupar un lugar central en la experiencia religiosa?

El segundo día, 26 de agosto, Emilce Cuda presentó una reflexión sobre Magnifica humanitas, poniendo el documento en diálogo con las preocupaciones que animaron esta Semana de Estudios. La cuestión de la dignidad humana, el trabajo, la economía y las condiciones sociales contemporáneas permitió ampliar la mirada y volver sobre una pregunta fundamental: ¿qué lugar ocupa la persona humana frente a las estructuras económicas y políticas de nuestro tiempo?

Cuando el mercado entra en la fe

El jueves 27, Eugenio Albrecht propuso una provocadora pregunta: “¿El virus de la prosperidad? Cómo el mercado se está infiltrando en la fe cristiana”.

La imagen del “virus” permitió abordar críticamente aquellos procesos mediante los cuales categorías propias del mercado pueden penetrar en el lenguaje y en las prácticas religiosas. Éxito, rendimiento, crecimiento, competencia, consumo y prosperidad pueden terminar configurando también las maneras en que las comunidades cristianas comprenden la misión, la vida espiritual e incluso la relación con Dios.

La jornada invitó a reconocer que el poder no siempre se presenta de manera evidente. También puede actuar de forma más silenciosa, incorporándose a los imaginarios, deseos y modos de comprender la vida. Por eso, pensar el poder implica también revisar los lenguajes y categorías con los que construimos nuestras propias experiencias de fe.

¿Más allá de la religión y del capitalismo?

La última jornada, el viernes 28 de agosto, estuvo a cargo de Volker Glassner y Matías Bellanich, quienes plantearon la pregunta “¿La fe más allá de la religión y del capitalismo?”.

La propuesta permitió recoger varios de los interrogantes que habían aparecido durante los días anteriores y llevarlos hacia una cuestión más profunda: si la fe puede quedar atrapada en estructuras religiosas, políticas o económicas, ¿es posible imaginar una experiencia creyente capaz de mantener una distancia crítica frente a ellas?

La pregunta no buscó ofrecer respuestas simples. Más bien, abrió un espacio para pensar qué significa creer en contextos donde las lógicas del poder atraviesan las instituciones, las relaciones sociales y también las propias comunidades religiosas.

Pensar juntos

Uno de los rasgos de esta XLVII Semana de Estudios fueron los espacios de reflexión grupal. Las exposiciones no quedaron reducidas a la escucha pasiva, sino que encontraron continuidad en momentos destinados al diálogo, al intercambio y a la reflexión compartida.

Estos espacios permitieron que las preguntas planteadas por los especialistas pudieran ser retomadas desde las experiencias y perspectivas de quienes participaron. El poder, la religión, la política y el mercado dejaron de ser conceptos abstractos para convertirse en cuestiones que también atraviesan nuestras comunidades, nuestras decisiones y nuestras propias maneras de vivir la fe.

Una celebración para cerrar el camino

La XLVII Semana de Estudios concluyó con la celebración de la Eucaristía, presidida por el Cardenal Ángel Rossi. Después de cuatro días de reflexión, debate y encuentro, la celebración permitió cerrar el camino recorrido poniendo nuevamente en el centro aquello que da sentido a la búsqueda teológica: una fe llamada a dialogar con la realidad y a preguntarse constantemente por sus propias prácticas.

“El púlpito es poder” no fue solamente un título. Fue una provocación y, sobre todo, una pregunta. ¿Cómo utilizamos la palabra cuando hablamos en nombre de Dios? ¿Qué relaciones construimos desde nuestras comunidades? ¿A quiénes damos voz y a quiénes dejamos fuera? ¿De qué manera nuestras prácticas religiosas pueden reproducir las lógicas del poder y de qué manera pueden, en cambio, cuestionarlas?

La XLVII Semana de Estudios terminó, pero las preguntas permanecen. Porque pensar la relación entre religión, política y poder implica también preguntarnos por la Iglesia que queremos construir y por el modo en que nuestra fe puede convertirse, en medio de las complejidades del presente, en una palabra capaz de servir, cuestionar y transformar.

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