Voces que resuenan al finalizar la XXXVII Semana de Estudios del CEFyT

Compartimos

la declaración final de los participantes de la Semana de Estudios CEFyT, realizada recientemente en Córdoba:

“UN GRITO DE JUSTICIA QUE CONMUEVE Y EMANCIPA”

Que un rostro inesperado nos conmueva, nombrar con la voz

quebrada a quienes faltan, y gritar que en esta tierra nadie sobra es

encontrar a Dios en lo humano; es hallarlo en historias entretejidas con sufrimientos, sueños, luchas, aciertos, equívocos, aprendizajes y búsquedas. Nunca abarcado

del todo pero siempre comunicado por el Jesús de los Evangelios, el Dios en quien creemos tiene entrañas maternas y una compasión insurrecta en favor de quienes una y

otra vez quedan fuera de la mesa de una vida digna. Sí, creemos en un Dios interesado y encaprichado en hacernos humanos, familiares y afables, compasivos e

inclusivos, responsables por el cuidado de sí, del prójimo y del mundo.

Por eso, esta hora histórica exige que nos

involucremos en la liberación de miles de personas esclavizadas por la Trata, las infancias robadas, la violencia contra mujeres, las exclusiones sistemáticas y otras

formas semejantes de ignorar y vulnerar los mínimos de la libertad y la dignidad humana. De igual manera, los rebrotes de políticas y recetas neoliberales que

benefician a los sectores que más concentran las riquezas y el poder económico, nos interpela a defender los valores innegociables de la democracia y los derechos

humanos, sociales y de la Tierra.  Sin esas hermanas y hermanos que hoy no gozan de su libertad e inclusión social tampoco nosotros podemos ser libres.

Pero hay además otras cadenas, más sutiles, que perviven en una colonialidad siempre reinventada en nuestras prácticas más

cotidianas. Así, nos damos cuenta de la necesidad de romper con las estructuras y lógicas de dependencia socio-económica y político-mediática que no nos dejan ser.

Queremos dejar atrás la sumisión, la minoridad servil y empezar a escuchar los criterios que laten dentro. Necesitamos darle cauce a esa fuerza transformadora que está

en nosotras, nosotros,

nosotrxs; esa fuerza emancipadora que desde Nuestra Patria Grande Latinoamericana quiere multiplicarse en cada rincón de

esta Casa Común que habitamos como familia humana.

En efecto, frente a una propuesta de misericordia simplista y anti-

evangélica que justifica las desigualdades e iniquidades mirando solamente lo litúrgico, nuestra palabra reivindica la misericordia de Jesús (Mt 9,13) que integra,

necesariamente la justicia social y la emancipación personal-comunitaria; misericordia que de ningún modo da lugar a la impunidad ni a la evasión. De la misma manera,

frente al silencio de una justicia muda y ciega ante quienes ocupan puestos del Estado para destituir gobiernos democráticos (Honduras, Paraguay, Brasil) o derrumbar

el uso igualitario de la palabra (Ley de Medios, Argentina), nuestro anuncio quiere volver a centrarse en la Justicia del Reino (Mt 5,20), que visibiliza y empodera a

los pequeños con su misericordiosa ternura y desata los yugos que perpetúan la dominación.

Pero ¿Cómo hacer para que

este mensaje nuestro no pierda nunca su fuerza? La gente de La Luciérnaga, que

nos regaló su voz durante esta semana, nos dio también una hermosa clave: “Vos te enterás que hay luciérnagas cuando son

muchas: se prende una, se prende otra y otra… son un fenómeno colectivo”. Por eso, queremos compartir nuestro camino con

Facu, Vani, Gonzálo, María José y tantas y tantos otros que tomaron como bandera esa luminosa imagen y pusieron manos a la obra en la tarea de dignificar sus vidas.

Queremos aprender de ellas y ellos, no sólo porque han sido capaces de generar su propia luz en un contexto de oscuridad, sino también porque saben que han de juntarse

para brillar.

Y entre los más luminosos de estos milagros colectivos está el de Abuelas de Plaza de Mayo:

«Tomamos sabiamente esa palabra “circulen” y nos pusimos a dar vueltas en la plaza…aprendiendo que no es lo mismo trabajar

solitariamente que trabajar unidas…porque lo que nos salvó fue la unión». Así, Sonia Torres nos recordaba cómo,

con un coraje mayor que el miedo, ellas comenzaron su búsqueda incesante de

memoria, verdad y justicia durante más de 40 años ¡sin detenerse! Junto a ella, Viviana Alegre nos sacude con un dolor semejante: a su hijo lo desaparecieron en

democracia. La misma tenebrosa complicidad de quienes ayer monopolizaron el poder para asesinar y justificar los crímenes con la legitimidad del Estado es la que hoy

mantiene desaparecido a Facundo Rivera Alegre.

Una búsqueda como la de estas mujeres, que es la que emprendería en su

lugar cualquier madre, es también la que nos lleva a todos a tomar la palabra, poner el cuerpo y el corazón cuando se nos conmueven de dolor las entrañas. Y es esa

misma búsqueda la que nos convocó en aquél inolvidable jueves 25 de agosto de este año, 2016, en la Sentencia

histórica de la Megacausa La

Perla y Campo de la Ribera. Allí nos sentimos parte de una multitud, acompañando a H.I.J.O.S, Abuelas, Madres y también a

testigos que no sólo presenciaron, sino que también sufrieron en primera persona los crímenes de lesa humanidad. Y fueron estos crímenes los juzgados con la condena de

los responsables de los secuestros, torturas, asesinatos, desapariciones y robo de bebés que tuvieron lugar en Córdoba durante el terrorismo de Estado.

Mucho más que una plaza ocupada: fue un pueblo ocupándose de sí, provocando ese instante políticamente extraordinario que es la

conformación de una sociedad democrática; una sociedad que se interesa y se apropia de sus asuntos y en la cual los movimientos populares, las minorías sociales y los

colectivos ciudadanos son sujetos de su propia emancipación. Porque es desde la vida humana, que –como lo recordaba D. Tatián- no tolera mucho tiempo sin

sentido, desde donde brotará siempre un grito insurgente de Justicia. A ese grito queremos sumar nuestra voz, conmovida y

profética frente a todo golpe de ayer y de hoy.

Lo hacemos desde una comunión inter-generacional comprometida con

nuestro presente cotidiano: en la fe del Dios de María, «cuya misericordia se extiende de generación en generación,

dispersa a los soberbios de corazón, derriba a los poderosos de sus tronos y eleva a los humildes, colma de bienes a los hambrientos y despide a los ricos con las

manos vacías» (Lc 1,50-53); en la fe de su Hijo Jesús, compasivamente

identificado con l@s más pequeñ@s

(Mt 25,1-46); en la fe de los Testigos fieles del Evangelio y del Espíritu, a

40 años del martirio de Mons. E. Angelelli junto a tantas mujeres, hombres y jóvenes, cuyas vidas-memorias-

presencias nos siguen interpelando, nutriendo y convocando a pro-seguir en el amor apasionado por la Vida.

Participantes de la Semana de Estudios CEFyT, Córdoba, 2016.