Semana de Estudios 2019 – Día 31 de agosto: Claves para el futuro

Comenzamos la última jornada de nuestra XL Semana de Estudios, mediante una memoria de los días anteriores, cantando la canción “Esta historia” (Raly Barrionuevo), y luego escuchando el Evangelio (Mt 13, 36-43).

El Card. Gregorio inicia su exposición haciendo una referencia a María, como modelo de discípulos y discípulas, haciendo el esfuerzo de encarnar la vida de Cristo, como ella, en las vicisitudes de la historia.

La presentación de esta mañana es en relación a Romero, servidor de los pobres. El tema de los pobres, es un tema que ha causado muchísima división. Ya Juan XXIII dijo en el Concilio que la Iglesia es ante todo de los pobres. El Papa Francisco, también, propone “una Iglesia pobre y para los pobres”. Pero la pregunta que nos podemos hacer es ¿qué es un pobre? “El pobre es alguien a quien nadie escucha y, sin embargo, tiene que escuchar a todos”. Una Iglesia que escucha es una Iglesia realmente auténtica; una Iglesia en la que los pobres se sientan como en su casa.

El documento de Medellín nos habla de una pobreza fruto de las injusticias (nunca querida), y también de la pobreza espiritual, que es la actitud de sentirse carentes de Dios, y por tanto,  quiere asumir la condición de los que sufren solidariamente, con el corazón abierto. Se trata de “una forma de libertad; la libertad de recibirlo todo gratuitamente y darlo todo gratuitamente” reconocer “nuestra limitación radical de criatura” y también “nuestra total dependencia de su amor”. “Ser pobre de espíritu significa aceptar la total dependencia de la misericordia de Dios”.

Optar por los pobres implica, ser para los pobres la providencia del Padre: asistencia, solidaridad y caridad, pero no solo quedarse en eso. Un paso adelante fue cuando la Iglesia tuvo comunidades religiosas insertas en medios populares que aparentemente fue una muy buena iniciativa, ciertamente, pero no dio muy buenos resultados porque fue desgastando la oración, vaciando la interioridad, de la cual brota toda misión.

Romero tomó muy en serio Medellín, Puebla y el Concilio Vaticano II. De ahí que tuviera presente también el tener un oído en el Evangelio y el otro en el pueblo. Buscaba la liberación integral del pueblo (no de una masa), en el cual los pobres son protagonistas. El santo decía que la Iglesia es servidora del Reino de Dios, y no se debe instalar cómoda y placenteramente en la historia; debe trabajar en la construcción del proyecto de Dios; ésta es su misión. Y Monseñor Romero trabajó siempre por mejorar las condiciones de vida de los más necesitados.

Después de un breve corte, tomó la palabra el Pbro. Fray Pablo Ordoñe, OdeM, sobre el tema de: Camino y horizonte de la Vida Consagrada en clave eclesial y martirial.

Desde la vida religiosa se reflexiona, siguiendo a Romero y Angelelli, que estamos invitados a visualizar el camino e iluminar el futuro. El profeta no se improvisa, va haciendo camino profético a través de la vida. En primer lugar, teniendo clara conciencia del tiempo presente, los problemas de hoy, para poder hacerles frente; eso es lo que hizo María cuando se dio cuenta que en la boda faltaba el vino: visualiza el futuro y adelanta la hora.

El icono de las bodas de Caná (Jn 2,1-11) nos inspira a vivir con sentido profético y martirial, que nuestra vida la podamos entregar por lo que vale la pena, así como Jesucristo que vivió y murió por su pueblo. La Iglesia y cada uno de nosotros debemos comprometernos con los pobres. “En la vida consagrada, la comodidad instalada y la modorra no tienen lugar”, si tienen lugar el anuncio y la entrega comprometida y desinteresada.

La vida consagrada está llamada a vivir la hospitalidad y a construir un nuevo modelo de ser Iglesia, comprender que somos migrantes y como tales tenemos que estar atentos al lugar por donde vamos y abrirnos a las diferencias. Se trata de involucrarse con las problemáticas, atravesar fronteras, cruzar puertas como lo hicieron Romero y Angelelli. Captar el pulso de los tiempos implica una espiritualidad de ojos abiertos, para poder estar cerca del pueblo de Dios, de sus penas, dolores y martirios.

Luego de tres días intensos de profundización de la dimensión martirial de la Iglesia, acompañados por los testimonios de Óscar, Enrique, Wenceslao, Carlos y Gabriel, e impulsados por ellos a una proyección, a un futuro comprometido, culminamos nuestra XL Semana de Estudios, con la celebración de la Eucaristía, presidida por el Cardenal Gegorio Rosa Chávez.