Relato del quinto día de la Semana de Estudios del CEFyT

Viernes 01: “Con-movidos y movilizados: memorias, relatos y grietas”

Como jornada de cierre, el último día estuvo animado por el grupo de profesores Marina Mattern, Carlos Asselborn y Fernando Kuhn. El lema fue “Con-movidos y movilizados: memorias, relatos y grietas”, cuyo objetivo fue hacer una memoria de las experiencias significativas que nos con-movieron, o no, y de los interrogantes que habían generado las jornadas anteriores. Y partiendo desde allí el desafío era elaborar claves para abordarlas desde una reflexión filosófica y teológica.

Carlos Asselborn, nos compartió su reflexión sobre la base de los tres términos del lema del día: Memorias, relatos y grietas.

Los tres sustantivos están cargados con los contenidos de historias de tensiones y disputas por legitimar un modo de comprender las relaciones socio-afectivas que organizan y reproducen la sociedad en la que vivimos. En nuestro contexto histórico más próximo tienen que ver con los procesos sociales y políticos que acontecen en el país en los últimos años. Una memoria tergiversada, manipulada, interesada sería entonces funcional a un relato justificador de una ideología política con ribetes totalitarios. Asimismo el relato, por su capacidad de influencia en la lengua cotidiana, provocaría una suerte de división y grieta que enfrentaría unos seres humanos contra otros, unos ciudadanos contra otros ciudadanos, “unos hermanos contra otros hermanos”.

Sospechamos que la dominación, en sus múltiples formas, recurre siempre a versiones de la memoria donde lo popular es adorno o relleno, nunca protagonista; se asienta en la ideología del sacrificio como único modo de ganarse un lugar en la sociedad -que “siempre es jerárquica”- y se muestra como “política de la felicidad posible”. Se trata de una felicidad para pocos, otrora llamada “felicidad burguesa”, que se presenta como estilo de vida a alcanzar y se asienta en la naturalización de la desigualdad.

Creemos que la memoria, que es también memoria corporal, está adherida a un relato de la historia y ese relato es expresión de una grieta. Es una interpretación que implica tensiones entre el poder de dominación y el poder de emancipación, pero también se trata de una apuesta, una fe puesta en cierto horizonte cuya referencia es la humanización plena de todos los seres humanos, que hoy, más que nunca, supone repensar las relaciones que organizan nuestros modos de convivir con otros seres humanos y con la naturaleza. Y como se trata de una determinada fe, no hay garantías que nos aseguren ni el éxito ni la razón, pero en ella creemos afirmar el deseo de vida.

De todo lo vivido y compartido también nos resulta relevante la pregunta ¿qué decir de Dios? Fernando Kuhn, al respecto nos presentó unas claves para elaborar una teología encarnada en estas experiencias vitales.

Decir Dios en nuestra época como comunidad eclesial que somos, nos invita a la renuncia a toda auto-referencialidad, saliendo kenóticamente de sí para cumplir la misión confiada por Cristo. Este encarnatorio y kenótico salir de sí implica inculturación, pobreza y servicio.

Partimos de la pregunta ¿Cómo hablar, cómo decir Dios en este tiempo? ¿Qué Dios nos mueve y nos con-mueve? Para ello proponemos unos axiomas que nos pueden orientar el camino de reflexión, cada uno de los cuales tiene su viceversa.

El Dios revelado es el Dios escondido: Al colocarnos en la sociedad debemos evitar toda imposición de un Dios “absoluto” que avasalla toda diferencia.

El Dios conocido es el Dios incomprensible: Conocerlo no es tener claridad doctrinal, sino reflexión desde la clave de articular realidad, iluminación y praxis.

Creemos que el Dios trascendente es el Dios inmanente, al que podemos llamar Abba, que se hace hermano de los procesos, que nos hace interiorizar todas las búsquedas y luchas.

Sólo Dios es Dios: Esto nos lleva a evitar toda identificación absoluta de lo humano con lo divino y toda justificación ideológica de nuestros pareceres e instituciones.

El Dios de la confianza es el Dios del temor: Es un Dios que nos genera entrañas proféticas, buscadoras de ética, pero que no deben hacernos perder la ternura, la caricia, el perdón.

El Dios en que creemos se relaciona con las personas: creemos en un Dios que está permanentemente en relación, y bajo esta categoría nos situamos.

El Dios de la belleza se nos muestra en los reversos del dolor: La belleza separada de la “fealdad” genera una teología alejada de la realidad.

Desde este lugar hemos de proyectar nuestro destino: la utopía de ser Iglesia de los pobres, Iglesia pobre e Iglesia para los pobres, los cuales son interlocutores preferidos, sujetos de la vida y misión de la Iglesia. De ahí que la lucha por la justicia y el compromiso por los pobres sean constitutivas de la evangelización como misión de la Iglesia.

Los movimientos populares, son un nuevo signo de los tiempos. Representan a los pobres como sujetos colectivos activos (cfr. EG 122 y el Discurso de Francisco en Roma, 28/10/14). En ellos no se refleja sólo el dolor de la cruz de sus sufrimientos sino también los destellos de Pascua que es su compromiso.

De todo lo vivido, reflexionado y confrontado, hay una “buena noticia”, hay “evangelio”, y por eso la reflexión final se centró en esas “buenas nuevas” de esperanza, de compromiso, de humanización, de testimonio que estamos llamados a anunciar.

Fernando Kuhn – Reflexión teológica

Carlos Asselborn-Reflexión filosófica